22/11/14

El último Borbón en Periódico Irreverentes.org

Fernando José Veglia ha reproducido el prólogo de Miguel Angel de Rus para El último Borbón en Periódico Irreverentes.org
Un texto interesante, y una fantástica ilustración de Veglia

Tienes el texto en Periódico Irreverentes, en 
http://periodicoirreverentes.org/2014/06/12/el-ultimo-borbon-una-antologia-nacida-de-la-mente-calenturienta-de-miguel-angel-de-rus/ 

11/6/14

Juan Carlos I de Borbón ha abdicado. ¿El último Borbón?

Presentación en Conoceralautor.com del vídeo de El último Borbón, grabado por Miguel Ángel de Rus

   

     El lunes 2 de junio de 2014 abdica el rey de España, Juan Carlos I de Borbón.
     Desde los años 30 del pasado S.XX, los españoles no hemos podido votar democráticamente un Jefe de Estado.
     Hoy, 11 de junio de 2014, PPSOE (La Casta para algunos; los Partidos borbónicos, para otros; las dos ramas de la Falange, para otros; la corrupción generalizada, en todo caso) blindan la abdicación el rey. El exrey y toda su familia son intocables ante la ley. Algo claramente anticonstitucional, dado que la constitucional regula que todos somos iguales ante la ley.
      Pero ya sabemos que la Constitución monárquica ha sido el amparo de una clase política de ladrones que no suelen ir a la cárcel porque como mucho les caen dos años de condena. Y con dos años, no se va a la cárcel.
  El nuevo rey será Felipe VI de Borbón.
    Los españoles no podremos votar nunca a un jefe de Estado. Triste historia la de este pueblo de bueyes que alumbró al mundo y que ahora vive de subvenciones.
    En Ediciones Irreverentes hemos elegido el día en que PPSOE-CiU servirán de felpudo en el Congreso al rey, para firmar en la feria del Libro de Madrid El último Borbón. Estarán los escritores David J. Skinner y Miguel Angel de Rus.
      Sabemos que cualquier acto intelectual no sirve para nada en El Patio de Monipodio (antes España, don Miguel de Cervantes lo tuvo claro) pero al menos que no nos entierren en la misma fosa común que a tanto felpudo.
     La firma se lleva a cabo en la caseta 191 de la librería MUGA, de 18,30h a 20,30h. Sois bien recibidos.

16/5/14

El último Borbón, antología de Ediciones Irreverentes

Ediciones Irreverentes invitó a destacados autores de ciencia ficción y a otros más dados a la sátira, a imaginar que el actual rey de España, Juan Carlos de Borbón, es el último Borbón de la historia de España. En estas páginas están las consecuencias.
     En esta antología de ucronías se especula sobre realidades alternativas ficticias, desde la familia de Aznar convertida en familia real, hasta la recuperación en un futuro lejano del cerebro del monarca, crionizado siglos atrás, pasando por una trama paralela del Golpe de Estado del 23-F o un tiempo futuro en que España estará colonizada por Alemania, entre otros futuros posibles.
     Como afirma Peña en el prólogo, se medita, con más información y reflexión que respeto, sobre esos Borbones de "caras tan poco agraciadas; con su querencia desenfrenada a la caza de todo lo que se moviese; con su derecho de pernada sobre toda dama, damisela, moza o mozuela que se le pusiese por delante; con su manía de meterse en todo lo que, políticamente, podían hacer mejor otros". Y de esa meditación han salido relatos tan deliciosos como un café caliente tomado sobre las ruinas del Apocalipsis.
     Los valientes autores que se han atrevido con el tema son
Félix Díaz, Nelson Verástegui, David J.Skinner, Teresa Domingo Catalá, Francisco José Segovia Ramos, Raymond Mora Espinosa, Pedro Pujante, Francisco J. Peña Rodríguez y Miguel Ángel de Rus, los dos últimos, además, editores literarios de este arriesgado libro.

12 euros • 144 páginas  • ISBN: 978-84-16107-04-9


Una antología ácida con los Borbones (Francisco José Peña)
 

Todo comenzó con el pobre Carlos II, a quién un guasón madrileño, como casi siempre, motejó con el sobrenombre de el Hechizado. El buen hombre, digno representante de una estirpe endogámica, se fue de este valle de lágrimas el 1 de noviembre de 1700 con la misma poca importancia con la que había pasado por el Trono. Y la cosa se lió parda: el zorro viejo que fue Luis XIV, desde Versalles vio una factible colocación para su nieto Felipe de Anjou y, hete aquí, se nos vinieron los Borbón Anjou a vivir a España después de una larga guerra y de una paz, la de Utrecht (1713), en la que perdimos Menorca y Gibraltar. La primera, como se sabe, es una isla hermosa en donde si nos da la gana podemos pegarnos un buen baño, conocer gente y bailar bajo las mezclas de un moderno Dj, pero con Gibraltar... ¡Ay, Gibraltar!
            Como iba reflexionando, los señores Borbón ¾que no bourbon¾, con aquellas caras tan poco agraciadas; con su querencia desenfrenada a la caza de todo lo que se moviese; con su derecho de pernada sobre toda dama, damisela, moza o mozuela que se le pusiese por delante; con su manía de meterse en todo lo que, políticamente, podían hacer mejor otros, se nos instalaron aquí y, bueno, así como al principio la cosa iba bien con la Ilustración y demás ideas afrancesadas del tipo Real Academia de la Lengua, Real Academia de la Historia; que si el Diccionario, que si la Ortografía… Pero Felipe V perdió la cabeza y hasta se ubicaba junto a los tapices que representaban caballos y los galopaba dando saltos, cual chiquillo en edad menuda, para flipe de sus servidores, que tenían que aguantarle que les lanzara sus excrementos cuando le venía al monarca en su real gana.
            Tuvimos la ocasión de enderezarnos algo con Fernando VI, pero duró poco y también sufrió de Alzhéimer; le sucedió su hermano, Carlos III, con una madre malísima en la línea de la madrastra de Blancanieves, pero tampoco la cosa le fue del todo bien porque la oportunidad que supuso el gobierno de Esquilache la tiró por la borda. Del hijo y del nieto de este mejor ni hablar; el Deseado le llamaban a Fernando VII ¾me parto, pues no sé por quién, pues hasta los que luego fueron los carlistas no lo podían ni ver¾. La niña Isabel II se ocupó mucho más del catre que de España y (seguir leyendo en http://www.edicionesirreverentes.com/2099/Ucronia.html)

Los borbones en pelota. Isabel II de Borbón, la ninfómana


Los Borbones en pelota es el título de un álbum de láminas satíricas del siglo XIX, se agrupaban en unas 89 escenas, pintadas a la acuarela, muchas procaces y hasta pornográficas, donde se caricaturiza a personajes públicos de finales del reinado de Isabel II. Se las acompaña de agudos textos alusivos, a veces poéticos. No fueron publicadas hasta 1991 con estudios de Robert Pageard, Lee Fontanella y Mª Dolores Cabra Loredo.
 Autoría Firmadas con el seudónimo SEM, son atribuidas conjuntamente a los hermanos Bécquer: el poeta Gustavo Adolfo Bécquer y el pintor Valeriano Domínguez Bécquer.
Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer en la Corte de Isabel II
Los dibujos y caricaturas aparecidos en la publicación desde 1865 con la firma SEM eran de carácter político, chistes inocentes, crítica gráfica referida al tiempo político que los hermanos Bécquer estaban viviendo. Sería Rubén Benítez el que descubriría la personalidad de Gustavo y Valeriano tras el seudónimo SEM. Y no generó ninguna duda, pues el propio periódico Gil Blas lo había reconocido. Las suspiscacias comenzaron cuando los portafolios que agrupaban 89 acuarelas muy especiales, depositados en la Biblioteca Nacional de Madrid bajo la firma de SEM, fueron atribuídos finalmente a los hermanos Bécquer en 1989.
     Bajo el título “Los Borbones en pelota” se agrupaban 89 escenas que no dejan indiferente a nadie. Unos porque tienen una idea preconcebida de la personalidad de Gustavo Adolfo Bécquer, y otros porque su moral les impide juzgar con imparcialidad la importancia de unas imágenes que rebosan crítica política pero que rozan lo soez, y sobre todo si tenemos en cuenta el momento en que fueron realizadas. Los que discrepan sobre la autoría de las acuarelas adjudicada a los Bécquer aducen que a Luis González Bravo, primer ministro del Gobierno de España en 1868 con Narváez, se le representa en muchos casos sodomizando y sodomizado. También aparece portando los sacos de dinero de las arcas españolas que se llevó al huir a Francia, tras el triunfo de la revolución de 1868 y posterior exilio de la reina Isabel II .
     También es posible que bajo ese seudónimo se escondieran otros humoristas gráficos del periódico Gil Blas: Daniel Perea, Francisco Ortego o Urrabieta. Que la paternidad fuera compartida no restaría importancia a la existencia de estas imágenes irreverentes, político-eróticas y de contenido pornográfico, que denuncian claramente la situación que se vivía en la corte de Isabel II, en los momentos previos a la revolución.
     Napoleón III, el padre Claret y sor Patrocinio , Carlos Marfori (amante de Isabel II) Francisco de Asís (marido de la reina) desfilan en una orgía de sexo que no deja de sorprendernos.
Fuentes: Wikipedia y  http://abelgalois.wordpress.com
 
Índice de fotografías
Isabel II de Borbón se folla a un burro
Isabel II de Borbón follada por su confesor, su marido y otro hombre
Isabel II de Borbón en la poltona con chulo, cetro y corona
 
 
Libro EL ÚLTIMO BORBÓN http://www.edicionesirreverentes.com

Los Borbones: ninfomanía, priapismo, pornografía

-Decíamos ayer:

” Enfermedad, locura, voracidad sexual, endogamia… son sólo algunos de los estigmas que jalonan las crónicas de los borbones, repleta de escándalos y extrañas muertes. Su obsesión sexual desde el primer borbón, Felipe V, hasta hoy es su más acusada característica, como gobernantes, la mayoría de ellos, fueron nefastos para España”.

Fernando VI fue un obseso sexual igual que su padre Felipe V el primer borbón, hasta el punto que mientras su esposa agonizaba él seguía manteniendo relaciones sexuales con ella.

Los borbones han sido tradicionalmente mujeriegos, empezando por el primero de ellos, Felipe V. Fernando VII tuvo cuatro esposas y numerosas amantes y qué decir de su hija Isabel II, de cuya relación con el capitán de ingenieros valenciano, nació nada menos que el rey Alfonso XII. Sabemos que fue así por la correspondencia vaticana y en concreto por una carta manuscrita de Isabel II a Enrique Puigmoltó y
Mayans
 asegurándole que el hijo era suyo.

Ahora le toca el turno a ALFONSO XIII, era hijo de Alfonso XII y María Cristina de Austria, su segunda esposa.

Alfonso XII del que ya dimos cuenta de su afición por las partes bajas de sus amantes en la anterior entrega. Era un chico moreno, bajito, putero, mujeriego y tuberculoso.
Alfonso XII era hijo de la reina, ninfómana, Isabell II, pero su padre no era su padre Francisco de Asis, sino de Enrique Puigmoltó y Mayans, uno de los amantes mas apuesto y deseado por la reina.

Visto lo visto no sé cuantos genes de borbón pueden quedar en esta dinastía.
Siguiendo en nuestra línea “chechual”, nos dedicaremos a hablar acerca de la gran afición al sexo y a la pornografía de este borbón, el monarcaALFONSO XIII. Pues bien, este cachondo personaje aparte de tirarse a todo lo que se movía y ser asiduo de lupanares, tenía una gran afición al incipiente cine pornográfico de la época. Se cree que entro en contacto con ese mundo en sus viajes por Europa y Estados Unidos, y viendo que en España no había nada parecido, le encargó al
 
Conde de Romanones que buscase a la gente adecuada para llevar a cabo la producción y realización de algunas películillas para su disfrute personal (y la de su borbona, egregia, insigne, ilustre, peleona  y real polla , por supuesto).
Todo esto no son divagaciones ni bulos maledicentes, es información contrastada que se conoce desde entonces y que en los últimos tiempos ha rescatado del olvidoRomán Gubern, catedrático de comunicación audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona y el mayor experto en sociología e historia del porno que hay en España. Al parecer se sabe con exactitud que el citado Conde de Romanones al menos encargó tres cortometrajes a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, dueños de la productora barcelonesa Royal Films. Los títulos de las cintas son: El ministro, Consultorio de señoras y El confesor ;fueron halladas recientemente por el productor José Luis Rado y el periodista Sigfrid Monleón y realmente son cortos, ya que su duración no llega a ser la de una película, y están fechados entre 1920 y 1926. Además la Filmoteca de la Generalitat Valenciana se encargó de su restauración, con lo cual ya están al alcance de cualquier investigador.
Lo más gracioso del asunto, es que el monarca pornófilo no sólo pagaba por estas pelis sino que a menudo sugería argumentos y situaciones en el guión…

La ajetreada vida sexual de Alfonso XIII  queda reflejada en un suceso que ocurrió en un viaje a Hollywood de este borbón follarín.



Fatty Arbuckle era una estrella. Acababa de firmar un contrato que lo convertía en el actor mejor pagado del cine mudo del momento, y decidió celebrarlo con una fiesta con un par de amigos, chicas y alcohol.

[Chicas, alcohol, chicas, alcohol, botellas de champagne, chicas, botellas de champagne dentro de una chica, MÁS ALCOHOL, chicas-chicas-chicas. Hey, chicas, ¡ALCOHOL!, más adentro la botella de champagne, chicas, hey, hey. Sangre. SANGRE. Alcohol. Champagne. Sangre. Chicas; ¡UY! una muerta.]

Alfonso XIII – ya derrocado rey de España y gran pornógrafo – estaba pasando una temporada en Hollywood, en la casa del actor Douglas Fairbanks quien, como excelente anfitrión, un día le preguntó:

Douglas Fairbanks: Majestad, ¿hay alguna estrella de Hollywood a quien desee conocer?

Alfonso XIII: ¡A Fatty Arbuckle!

Douglas Fairbanks: Mmmmm, vaya, Majestad. Me temo que eso no va a ser posible: desde que Fatty violó a aquella chica con una botella de champagne y le provocó una hemorragia de muerte (literal), Fatty no es – precisamente – un personaje popular en Hollywood.

Alfonso XIII: ¡Qué injusticia! Eso le podría haber pasado a cualquiera de nosotros.

Así sabemos:

-Nieto de Felipe II fue Felipe IV. “Libertino sin convicción y voluptuoso sin alegría”, se dijo de él que “era el monarca de vida más disoluta de su tiempo”. A su muerte dejó 32 hijos bastardos. Otras fuentes elevaban la cifra hasta la cuarentena.

-Felipe V, primer rey en España de la casa de los borbones, nacido en Francia, tenía por norma el coito diario. Durante su angustiada adolescencia se entregaba a episodios de masturbación. Con su gente llegada de Francia organizaba “lúdicas cenas que acababan convirtiéndose en estimulantes orgías nocturnas”.

-Luis I, quien subió el trono de España en 1724, a los 17 años de edad, abandonaba palacio con unas persistentes salidas nocturnas a barrios extremos, donde frecuentaba casas de dudosa reputación, “en las que daba rienda suelta a un temperamento fogoso, heredado de su padre”,Felipe V en sus salidas nocturnas se hacía acompañar de un conocido homosexual francés de apellido Lacotte.

-Carlos III, quinto hijo de Felipe V, tenía 22 años cuando contrajo matrimonio con una niña de 14, María Amalia de Sajonia, hija del rey de Polonia. Una crónica de la época dice que la fiesta nocturna celebrada como despedida de soltero “derivó en una orgía bisexual”.

-A Fernando VII, hijo mayor de Carlos IV, “le seguían sirviendo muy bien las mujeres de toda edad que prestaban sus servicios en los abundantes burdeles de la Villa y Corte, sobre todo el que era su preferido, el regentado por una tal “Pepa la malagueña”. Alardeando ante el duque de Aragón de las muchachas vírgenes que éste rey se hacía llevar a palacio, le dijo un día: “Salen de mi alcoba seguras de que ningún hombre podrá darles el goce que han tenido conmigo. Y añadiría: ¿Y sabes lo que más me gusta después del placer de poseerlas?, pues coleccionar los trapos en los que han dejado la prueba de su doncellez”.

-Isabel II era hija de Fernando VII y de María Cristina de Nápoles. Se la proclamó reina de España el 24 de octubre de 1833. Contrajo matrimonio con su primo Francisco de Asís, de inclinaciones homosexuales.

Isabel II estuvo “dominada por la misma incontinencia en materia sexual que había caracterizado a tantos de sus antepasados”. Esta reina tuvo amantes desde la temprana edad de quince años, entre ellos varios de sus profesores. Dio a luz una serie de hijos con hombres distintos, hijos “que asegurarían la descendencia y que resultarían sucesivamente reconocidos por un marido que nada había tenido que ver en sus gestaciones”. Su alegre vida “la llevaba a acostarse a las cinco de la mañana y levantarse pasadas las tres de la tarde”.

-Amadeo de Saboya fue otro rey calavera. Hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia, Amadeo I reinó en España durante un par de años, entre 1871 y 1873. El registro de Solé atribuye a Amadeo de Saboya numerosas amantes: Una hija del genial Mariano José de Larra; una rubia inglesa a quien conoció en una fiesta formal y acabó en la cabaña de un pescador; otra dama “joven y de opulentas carnes”, la “hermosísima hija de un acaudalado italiano de Reus; otra “bella y acreditada cantante de fados”; una camarera de su mujer; una aristócrata rusa. El guarda de un parque de Turín manifestó que cuando Amadeo de Saboya era todavía duque de Aosta y no rey de España, “lo había sorprendido en plena comisión de un acto sexual con un niño”.

-Alfonso XII era hijo de Isabel II. Ocupó el trono de España durante 10 años, desde 1875 a 1885. Contrajo matrimonio dos veces: con su prima María de las Mercedes, fallecida al cabo de pocos meses, y con María Cristina de Austria. Murió tuberculoso.

Por Madrid corría la leyenda de que, para olvidar la muerte de su primera y joven esposa, “el rey se había lanzado a una desenfrenada carrera de eventuales amoríos con cantantes y vividoras”. En las tabernas se oían expresiones tales como “el rey está hecho polvo de tanto….”. De eso.

-Alfonso XIII, hijo póstumo del anterior, gustaba coleccionar películas pornográficas. “No le interesaban en absoluto ni la literatura, ni la pintura, la música o el arte. Solamente los caballos, la caza, los automóviles y la pornografía”.“Para nadie era un secreto que las aventuras extraconyugales de Alfonso habían experimentado un decidido incremento sin marcha atrás, paralelo a la evolución de la descomposición de su matrimonio… Al igual que su padre, era él persona escasamente selectiva a la hora de elegir eventuales compañeras de cama”. 


-Hay personajes a quienes la suerte de su nacimiento otorgó el cetro y colocó en el trono y que fueron, a lo largo de sus años esclavos del sexo. Reyes de honda religiosidad, profesantes y defensores a ultranza de la religión católica, envueltos en turbias historias de pasiones

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Alfonso XIII de Borbón y el golpe de Estado de Primo de Rivera

El capitán general Primo de Rivera, con el beneplacito del rey, dio un golpe de estado que triunfó y en consecuencia suprimió las Cortes y acumuló todo el poder por medio de un directorio militar que gobernaría el país. Además, prohibió los partidos políticos y censuró la prensa.
    La población reaccionó con relativa indiferencia pues estaba, en cierto modo cansada de la constante inestabilidad. El dictador para ganarse la confianza de los partidos de la oposición, llega a acuerdos con el Partido Socialista y con los nacionalistas catalanes a los que promete respetar la autonomía de su territorio. Pero pronto, por la presión del ejército, retira la confianza al nacionalismo catalán e inicia una dura represión que prohibió las instituciones catalanas, el uso del catalán incluso la sardana, el baile regional de Cataluña. 
 
   Una vez recuperado el orden, la dictadura obtuvo éxitos en algunos aspectos de la vida nacional. De esta manera, se logró en 1927 la total pacificación del protectorado español en Marruecos. También se aprovechó la etapa de prosperidad económica mundial posterior a la Primera Guerra Mundial y se  realizaron importantes obras públicas: carreteras, ferrocarriles, puertos y obras hidráulicas. También se crearon grandes monopolios públicos como la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) y la Compañía Arrendataria de Monopolio de Petróleo (CAMPSA).
Pero el regimen era fuertemente impopular, especialmente para los intelectuales (recordemos como Unamuno, por ejemplo, fue expulsado de la universidad por criticar la dictadura); así como para los partidos políticos de izquierda, nacionalistas y los sindicatos. La crisis mundial de 1929 alcanzó también a España y contribuyó en la caída de la dictadura.
    Primo de Rivera dimitió el 28 de Enero de 1930, afixiado por todos: partidos contrarios -al frente republicanos de izquierda-, el descontento social provocado por el paro que trajo la crisis de 1929 y la presión internacional de las democracias europeas. La monarquía también retiró su apoyo al dictador, pero no sobrevivió mucho más tiempo.
    En 1930 el general Belenguer sustituyó a Primo de Rivera con  el compromiso de realizar las reformas necesarias para establecer un cambio de sistema. Pero las reformas avanzaban con enorme lentitud lo que pronto motivó la desconfianza generalizada en el proceso. En 1931 el rey se ve obligado a sustituir a Belenguer por otro general, Aznar para que agilice las reformas.
Por fin se convocaron elecciones municipales en abril de 1931 en las que pueden participar de nuevo todos los partidos políticos prohibidos durante la dictadura. La sensación popular era que se trataba de un plebiscito a la monarquía: si los partidos monárquicos perdían, el cambio de sistema y la implantación de la República serían imparables. Y esto fue lo que sucedió. Aunque en los pueblos y pequeñas ciudades ganaron los partidos monárquicos (donde el caciquismo era mucho más influyente),  en todas las grandes ciudades  triunfaron los partidos republicanos. De modo que en un ambiente de euforia  apenas dos días después, el 14 de abril de 1931, fue declarada la Segunda República Española, y un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora se hizo cargo del país. Ese mismo día el rey abandonó España camino del exilio.



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Fernando VII de Borbón, el rey Felón.

Entrevista aparecida originalmente en El Faro de Vigo con Enrique González Duro al aparecer su libro Feenando VII, el rey felón

González Duro: "La historia española está llena de locos, especialmente reyes"

El psiquiatra habló en el Club FARO de Fernando VII de Borbón, preguntándose cómo pudo engañar tanto "un rey felón, déspota y traidor" a aquellos españoles que morían por él.
     La historia española está llena de locos, especialmente de reyes locos", afirmó ayer en el club FARO el psiquiatra Enrique González Duro en su conferencia sobre "Fernando VII, el rey traidor".
Presentado por Tiburcio Angosto, jefe del servicio de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Vigo, González Duro se declaró partidario de depsiquiatrizar la vida cotidiana aunque eso no le impidió afirmar que cuando uno estudia la vida de muchos de los personajes que han tenido poder o una trascendencia en la historia de España se hallan bastantes casos con evidentes patologías psíquicas.         
"Pero a veces -afirmó- ha ocurrido lo contrario y fueron intereses políticos los que declararon locos a quienes no lo estaban, o al menos en ese momento. Ese es el caso de Juana la Loca, a la que aislaron del mundo cuatro décadas. ¿Cómo no iba a estarlo al final de las mismas?".
     Enumerando algunos casos reales por los que pasó de puntillas, dijo que `Felipe II era un obsesivo que se perdía por los papeles, todo quería controlarlo. En su carácter había rasgos patológicos claros.     
     A Carlos II, por algo lo llamaban "el hechizado". Y ya el primero de los Borbones, Felipe V, estuvo loco casi toda su vida. Tenía una psicosis maníacodepresiva hasta el punto de que incluso le obligaron a abdicar aunque luego le restablecieran el cetro".
     Y habló de Fernando VII, claro, lo que constituyó en realidad la mayor parte de una intervención sustancialmente historcista, llena de detalles de su reinado. "Digo que fue un déspota que se creía ungido por la Providencia y un rey felón porque fue traidor, cobarde, poco fiable... y multitud de datos lo avalan. Incluso ese rumor que se corrió respecto a la relación entre Godoy, valido de su padre, Carlos IV, y su madre, María Luisa, lo difundió el mismo".

Los argumentos
Los argumentos históricos con que avaló González Duro este carácter de Fernando VII fueron numerosos. En lo referente a Godoy afirma que el joven príncipe Fernando lo odió, pero también que conspiró contra su padre, que solicitó el apoyo de Napoleón y que, para que este le reconociera como rey, fue a recibirlo a... Bayona. "Allí, debió devolver la Corona de España a su padre, quien a su vez la entregó a la familia Bonaparte".
     "Mientras los españoles luchaban fieramente contra los experimentados ejércitos imperiales en nombre del `deseado´ rey Fernando, este felicitaba a José Bonaparte, y pedía a Napoleón que lo tomase por hijo adoptivo. Su larga ausencia valió para que las Cortes de Cádiz aprobasen la Constitución de 1812, que él abolió de inmediato a su vuelta a España, restableciendo la Inquisición, persiguiendo a los liberales y exiliando a los afrancesados. En 1820 hubo de seguir la senda constitucional, hasta que tres años después consiguió que los cien mil hijos de San Luis lo repusiesen en todos sus poderes. Luego vino la llamada década ominosa en la que, pese al oscurantismo que impuso, se le sublevaron los apostólicos. Por si fuera poco, hubo un pleito dinástico, y un día después de su muerte comenzó la primera -y feroz- guerra carlista".
     ¿Cómo se le podía engañar tanto a la gente¿ ¿cómo es posible que tantos lucharan y murieran por un rey que les traicionó? Para el psiquiatra, en aquellos tiempos en que no había medios de comunicación para influir a la opinión pública, los curas los suplantaban desde sus púlpitos. "Eran muy celosos de cualquier reforma que supusiera una pérdida de poder de la Iglesia".
Leer más en http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2008/04/24/gonzalez-duro-historia-espanola-llena-locos-especialmente-reyes/219066.html


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Blindaje a la Casa Real: El Gobierno concede a la reina y los príncipes el privilegio judicial de ser aforados

  • Si son imputados, sólo podrán ser juzgados por el Tribunal Supremo
  • La medida se incluye en el anteproyecto de reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial

  •  

    La reina y los príncipes de Asturias serán aforados ante el Tribunal Supremo, es decir, en caso de ser imputados por algún delito la causa corresponderá tramitarla al Tribunal Supremo, ha anunciado el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, al término del Consejo de Ministros.
         Así se contempla en el informe previo al anteproyecto de reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), que ha sido aprobado este viernes en el Consejo de Ministros y que hará que la reina y los príncipes tengan el mismo tratamiento judicial que el presidente del Gobierno, sus ministros, diputados y senadores y la cúpula judicial.
         Concretamente, la intención del Ejecutivo es la de mantener a los aforados que ya contempla la legislación e incluir en esta lista “al rey consorte, al consorte de la reina y al príncipe y su consorte”, según ha detallado Ruiz Gallardón. El rey no precisa aforamiento porque, según establece la Constitución española, su figura “es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.
         En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, el ministro ha asegurado que el aforamiento no es un beneficio para el aforado, sino “un instrumento para aumentar la seguridad jurídica sobre personas que el legislador entiende que deben ser objeto de una tutela”.
         Ruiz Gallardón ha reconocido que el Gobierno consideraba una “disfunción” en la estructura del Estado el hecho de que un ministro estuviese aforado y el Príncipe no.
     
    El rey no precisa aforamiento porque, según establece la Constitución española, su figura “es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.

    14/5/14

    Juan Carlos de Borbón, El rey de Franco que desplazó a su padre


    El dictador Francisco Franco es uno de esos pocos personajes a los que Juan Carlos de Borbón se refería “como su segundo padre”. No es para menos. Bajo su tutela se hizo rey y jefe de Estado, desplazando del trono a su propio padre, don Juan de Borbón.
                El pacto de silencio de la “nueva sociedad española” no quiere recordar nada que perturbe la sagrada imagen del rey. Hasta la Página Oficial de la Casa de Su Majestad el Rey miente y pretende borrar la historia.
                Allí se lee: “Su Majestad el Rey Don Juan Carlos (...) Por expreso deseo de su padre, su formación fundamental se desarrolló en España”. ¿A qué viene esa aclaratoria? Muy simple, es conocido que Franco asumió la educación del príncipe como un asunto de Estado, y fue él quien decidió que estudiara en España bajo su tutela y orientación, desde que cumplió los 10 años de edad.
                Más adelante, la Web Real señala que fue “Designado sucesor a la Jefatura del Estado en 1969”. Así de sencillo. Para nada dice quién lo designó. ¡Que desagradecidos!, al no mencionar a “su segundo padre”. Tampoco menciona que ante esta designación su padre, don Juan de Borbón, lo confrontó y le recordó que él era el heredero del trono y que se reservaba el derecho de revocar, en lo formal, cualquier decisión de Franco. 
    Para entender el fenómeno de la monarquía de Juan Carlos de Borbón es necesario indagar en la historia del franquismo. ¿Por qué, cuándo y cómo Franco decide sustituir a don Juan de Borbón del trono y promover a su hijo Juan Carlos? Vale la pena recurrir nuevamente al historiador e hispanista Paul Preston, y ver los hechos desde su libro Franco “Caudillo de España” (Editorial Grijalbo Mondadori, 1998).
                El 31 de marzo de 1947 llegó a casa de los Borbón el ministro Carrero Blanco, mano derecha de Francisco Franco y redactor de la Ley de Sucesión, que se aprobaría ese mismo día, para informarle a don Juan de Borbón que con esta Ley sería Franco quien nombraría al monarca del reino “cuando lo considere conveniente”. Además, le comunicó a don Juan -heredero del trono- que podría “ser Rey de España, pero de la España del Movimiento Nacional, católica, anticomunista y antiliberal…”.
                Después de ese día -relata Paul Preston en su libro de 1.043 páginas- don Juan de Borbón y sus consejeros se inclinaron a “reforzar sus lazos con la oposición antifranquista de izquierda. El 7 de abril de 1947, don Juan hizo público el Manifiesto de Estoril, en el que denunciaba la ilegalidad de la Ley de Sucesión que se proponía alterar la naturaleza de la monarquía sin consultar ni con el heredero del trono ni con el pueblo. Franco, Artajo y Carrero estuvieron de acuerdo en que don Juan se había eliminado a sí mismo, a partir de ese momento, como sucesor adecuado del Caudillo (...); desataron una furiosa campaña de prensa contra don Juan en la que se le juzgaba como instrumento de la masonería y el comunismo internacional”.
                Desde el 18 de julio de 1947, como resultado de la Ley de Sucesión, Franco actuaría como el monarca del recientemente proclamado reino de España, considerando que el trono estaba vacante.

    EDUCADO POR EXPRESO DESEO DE FRANCO

    El futuro de Juan Carlos I se selló el 25 de agosto de 1948, cuando Franco concertó una entrevista con don Juan de Borbón, en su yate, el Azor, en el golfo de Vizcaya. Allí Franco le “manifestó un inmenso interés en que el hijo de diez años del pretendiente [don Juan, quien nunca fue rey], Juan Carlos, completara su educación en España (…) En el fondo, sin embargo, don Juan estaba convencido de que no habría restauración contra la voluntad de Franco”, y accedió bajo la promesa de “que el periódico monárquico ABC podría informar libremente y que se levantarían las restricciones de las actividades monárquicas…”.
                Desde ese día, el franquismo sabría que Juan Carlos de Borbón, “por la Gracia Divina de Dios y del Caudillo”, sería rey de España; por encima de su propio padre y de quien se interpusiera. Así, Juan Carlos, nacido y residenciado en Roma, llegó a España el 9 de noviembre de 1948 y fue recibido por Franco en su residencia de El Pardo, donde le dijo que su educación estaría a cargo de un grupo de profesores de firme lealtad al franquismo.
                En 1954 el general Franco continuaba orientando personalmente la senda de la educación del joven Juan Carlos de Borbón, después de culminada la secundaria. A pesar de que don Juan le había escrito al “Caudillo”, el 16 de julio de 1954, que ya era hora que su hijo comenzara estudios en la Universidad de Lovaina (Bélgica), Franco orientó su ingreso en la Academia Militar de Zaragoza y después en la Universidad Complutense de Madrid, y unas “pasantías en el arte de gobernar” al lado del dictador español.
                En carta a don Juan de Borbón, escribió Franco el 2 de diciembre de 1954: “estimo indispensable que la formación del Príncipe discurra no sobre una parcela física de nuestro territorio, sino dentro de los principios que el Movimiento Nacional [falangista] inspira…”.
                En 1956, Franco designa al general Carlos Martínez Campos como tutor del joven Juan Carlos, luego del trágico disparo a su hermano menor Alfonso. A tal punto llegaba la influencia de Franco en la vida del futuro rey de España, que con su aprobación Doña Sofía de Grecia se convirtió en esposa de Juan Carlos de Borbón, en 1962.

    CONTRA SU PADRE, SUCESOR DE FRANCO

    El 12 de julio de 1969, Franco le comunica a Juan Carlos que sería su sucesor y lo proclamaría rey de España. A la vez le pidió que no informara nada a su padre, hasta que se concretara su decisión en las Cortes Españoles. Don Juan de Borbón se molestó mucho al enterarse de ello, y denunció a “una monarquía que estaba irrevocablemente ligada a la dictadura”. Es decir, su hijo y Franco.
                Para tranquilidad de Juan Carlos de Borbón, “en febrero de 1971, el general Vernon A. Walters, segundo jefe de la CIA, visitó Madrid en nombre del presidente Nixon; [le preguntó] al Caudillo qué ocurriría en España tras su muerte. Franco le respondió a Walters que la sucesión de Juan Carlos tendría lugar sin ningún disturbio…”; continúa narrando Paul Preston en su libro Franco “Caudillo de España” , al reseñar las memorias de Walters.
                Las huelgas obreras y estudiantiles, la corrupción de los funcionarios, la represión policial y el asesinato de dirigentes de izquierda era lo común en aquellos días. Para el régimen español la convulsión social no era más que una conspiración de masones y comunistas contra el ‘Generalísimo’ y el derecho a la sucesión tranquila de Juan Carlos I.
                El 19 de julio de 1974, el dictador de España, gravemente enfermo, firmó la aplicación del artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado para que Juan Carlos asumiera como Jefe de Estado y rey, luego de su muerte. Tal como lo había previsto Franco desde 1948, todo se consumó el 22 de noviembre de 1975. Dos días después de su muerte seguía mandando.
                Franco tuvo hasta el poder de instaurar el salto en la línea de sucesión y designar rey a Juan Carlos. Según la tradición monárquica española la sucesión debía recaer en su padre, don Juan de Borbón, tercer hijo y heredero del rey Alfonso XIII. “Dicho salto fue aceptado por el príncipe Juan Carlos, creando un conflicto interno en la Casa Real de Borbón”. 

         De tal magnitud fue la confrontación que el padre de Juan Carlos dejó de hablarle y le retiró la Cruz de la Victoria, símbolo del Principado de Asturias y del heredero de la Corona española. Y no fue sino hasta el 14 de mayo de 1977 que don Juan de Borbón renunció oficialmente a sus derechos sucesorios y a la jefatura de la Casa Real en beneficio de su hijo Juan Carlos, una vez que hubo constatado la imposibilidad de acceder al trono.
                A partir de ese momento, “Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón, Rey de España”, también heredaría los títulos de Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Además de Archiduque de Austria.
                Así de absurda es la monarquía que, doscientos años después de la Independencia de América, todavía ostenta el título de rey de “las Indias Occidentales”.

    Leer artículo en Rebelión http://www.rebelion.org/noticia.php?id=65325


    Libro EL ÚLTIMO BORBÓN http://www.edicionesirreverentes.com

    Juan Carlos de Borbón y el Golpe de Estado del 23-F. Entrevista con Pilar Urbano

    P.-Tras leer su libro, no me extraña que el Rey y Suárez no quisieran recordar episodios que cuenta. Especialmente a seis encuentros calientes, explosivos, que el Jefe de Estado y el presidente del Gobierno tuvieron el 4, 10, 22, 23 y 27 de enero de 1981. Y el día después del golpe, el 24 de febrero del 81.
    R.-Empecemos por el 4 de enero de 1981. Un día antes, en vísperas de la Pascua Militar, el Rey recibe a Alfonso Armada en Baqueira, en La Pleta. Como venía haciendo al menos desde julio de 1980, el general calienta la cabeza a don Juan Carlos, le come la oreja, sobre la situación límite que vive España. Ese día, insisto, dos jornadas antes de la Pascua Militar del 5, día del cumpleaños de su Majestad, le da una «solución de Estado». Le plantea que ya tiene a punto, no un golpe de Estado, sino un golpe de timón, un golpe de Gobierno. Armada, en el que el Rey confía plenamente, ha tenido numerosas reuniones con políticos en activo de todos los signos. ¡Cuidado! No son el búnker. Son políticos de partidos con representación parlamentaria, como el PSOE y Alianza Popular, entre otros.

    P.-El gran obstáculo para el Rey para este golpe de timón, por lo que cuenta en su libro, sigue siendo Adolfo Suárez. «No sé cómo quitármelo de encima», exclama durante meses ante diferentes interlocutores.
    R.-Efectivamente. Por eso el Rey no espera a volver a Madrid y llama a Suárez, que descansa en Ávila, para que se presente en Baqueira de manera urgente el 4 de enero. A Adolfo le parece rara tanta urgencia, se desplaza a Baqueira en helicóptero. Esa conversación será el primer choque de una serie encadenada en las semanas siguientes. La reunión empieza sin crispación. Poco a poco se va calentando. No hay insultos, pero sí «tuteos». Se hablan claro. El Rey le dice al presidente que, si no hacen algo, los militares se le echarán encima. Don Juan Carlos siempre tuvo miedo a los ejércitos.

    P.-El Rey tendría presente lo que Armada le había dicho el día antes.
    R.-Sí. El mensaje de Armada fue muy claro: Suárez sobra y es urgente poner remedio a esta situación. El general le pinta al Rey una situación de pregolpe. Le informa de que con Suárez fuera del Gobierno podría armarse un gobierno de concentración nacional que evitaría el golpe militar. Y que desde Fraga a Felipe González están dispuestos a entrar en el Gobierno. Por eso, don Juan Carlos tiene urgencia para que Suárez visualice que sobra. Y lo hace el 4 de enero. Suárez intuye que podría estar en marcha una moción de censura contra él, orquestada por Armada con la ayuda de numerosos diputados, entre ellos, muchos de su mismo partido, que cuenta con 168 diputados.
    ¿El Rey expone con claridad a Suárez que la solución pasa por un militar al frente de ese gobierno de concentración?
    El Rey habla con Suárez de un problema militar y de que Armada puede solucionarlo. Pero no le dice que Armada iría de presidente, sino que podría reconducir la situación. Don Juan Carlos traslada al presidente el panorama apocalíptico militar descrito por Armada, con varios golpes militares en marcha. La realidad es que había sido el propio Armada, con el CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, precedente del actual CNI) y el comandante Cortina junto a civiles, políticos, empresarios, periodistas..., quienes habían puesto en marcha el ventilador para crear ese clima de ruido de sables. Se había ido creando un ambiente para que pareciera que antes de que llegara lo peor, un golpe militar puro y duro, lo intermedio, o sea, la Operación Armada, el golpe de timón o golpe de gobierno, sería lo mejor. El Rey le insiste a Suárez que son necesarios remedios extraordinarios. Y cuando Suárez le pregunta que a qué se refiere, don Juan Carlos, tras hablarle de ministros inteligentes, de que la oposición le está tendiendo la mano, de que se olvide de sus sueños de grandeza..., concluye: «Voy a serte franco, con otro hombre en la presidencia». Suárez vuelve destrozado a Madrid. Se da cuenta de que le han encontrado sucesor.

    P.-10 de enero de 1981. El Rey se presenta en Moncloa en moto, sin avisar.
    R.-Ese día hay una gran gresca entre los dos. El Rey solía llegar de improviso a Moncloa. Con su desparpajo conocido, pedía: «¿Me dais de comer? ¿Ha sobrado paella?». Esta vez la visita no era tan amigable. Quería hablar de una vez por todas con claridad con Suárez. Salen a dar un paseo por los jardines. «Vengo a hablarte de dos asuntos que alguna vez ya te he esbozado, pero hoy quiero resolverlos. Mi viaje al País Vasco y el traslado de Armada a Madrid». La conversación sube de tono. Un testigo me cuenta que el Rey y el presidente gesticulan cada vez de manera más ostensible. Armada, destinado en Lérida, es un tema tabú para Suárez. El Rey quiere traerlo a Madrid, al Estado Mayor, de segundo JEME. Es la bicha para Suárez; sabe que es el hombre destinado a cortarle la cabeza. Es entonces cuando Suárez vaticina al Rey que Armada no es la solución al golpe militar del que el Rey le habla insistentemente, sino el problema. 

    P.-El Rey piensa lo contrario: tú eres el problema y el otro la solución.
    R.- Su Majestad llevaba año y medio oyendo de militares, de empresarios, de banqueros, de algunos obispos, de catedráticos, de gente de distintos sectores sociales, de algunos periodistas, que todo iba muy mal y que había que cambiar el Gobierno y a su presidente. Lo que un banquero, ya en el verano de 1980, en su visita al monarca definió como «cambiar el alambre, pero no los postes». Todos parecían olvidar, empezando por el Rey, que sólo las urnas pueden cambiar al partido gobernante y a su presidente. En realidad fue el 5 de julio de 1980, siete meses antes del 23-F, cuando se produjo un primer anuncio en Zarzuela de que el Rey había decidido entrar en acción. 

    P.-Sigamos con la visita del Rey a Moncloa.
    R.-El Rey, en un momento, coge del codo al presidente. Lo agarra para que se pare. Suárez, según mi testigo presencial, se desembaraza de un tirón. Nada que ver con la foto amable que años después el hijo de Suárez tomaría, con el Rey y el ex presidente, ya enfermo de alzheimer, paseando por el jardín de la casa familiar. «Un momento, no te embales», dice el Rey a Suárez, y éste le contesta: «Me embalo porque sé lo que digo; Armada es un enredador que vende humo, que vende conspiraciones, sediciones, sublevaciones. Y lo malo es que se las vende al propio Rey». Suárez se mantiene en sus trece y se niega a traer a Armada a Madrid. Ahí rompieron. 

    P.-El Rey ya no controla a Suárez. No puede conseguir ni traer a Armada a Madrid...
    R.- Nunca pensó que la persona que él eligió como presidente (julio de 1976) pudiera llegar a este extremo. Él, que muchos años atrás, cuando empezaba a reinar, había dicho a Torcuato Fernández Miranda: «Hombre, yo creía que iba a ser como Franco pero en Rey». 

    P.-22 de enero de 1981. Suárez está en Zarzuela...
    R.-Aquello fue muy fuerte. Suárez subió a Zarzuela como solía hacer en vísperas del consejo de ministros. Lo cuento en el capítulo titulado Suárez, el Rey, un perro, una pistola.... Ya no son desencuentros, ya están a mandoblazos, sobre todo por parte del Rey. «El Rey consulta, escucha y hace caso a cualquiera antes que a mí», se queja Suárez. Don Juan Carlos ve al jefe del Gobierno sin rumbo. Utiliza en algún momento la frase de Abril Martorell, íntimo y fiel colaborador de Suárez: «Eres un arroyo seco», sin un norte ilusionante. Tras combatir en una esgrima de reproches, Suárez espeta al Rey: «Hablemos claro, señor, yo no estoy en el cargo de presidente porque me haya puesto ahí su Majestad». «Lo que no es normal, por muy legítimo que sea, es que yo diga blanco y tú negro. Las cosas han llegado a un punto en que cada vez coincidimos en menos temas», expresa don Juan Carlos. El cruce de reproches crece en grados. «Me temo que empezamos a dar la impresión de dos jefaturas que en lo importante discrepan», dice Suárez. Y recuerda al Rey que es presidente por las urnas, en las que obtuvo 6.280.000 votos (en 1979). «Tú estás aquí porque te ha puesto el pueblo con no sé cuántos millones de votos... Yo estoy aquí porque me ha puesto la Historia, con setecientos y pico años. Soy sucesor de Franco, sí, pero soy el heredero de 17 reyes de mi propia familia. Discutimos si OTAN sí u OTAN no, si Israel o si Arafat, si Armada es bueno o peligroso. Y como no veo que tú vayas a dar tu brazo a torcer, la cosa está bastante clara: uno de los dos sobra en este país. Uno de los dos está de más. Y, como comprenderás, yo no pienso abdicar».

    (Pilar Urbano relata que cuando Suárez oye la palabra abdicar, él mismo dice que sería el mayor fracaso de todos sus empeños y que, llegados a este punto, lo mejor es disolver las Cortes para que el pueblo hable, ya que no cuenta con el apoyo del Rey ni con parte de su partido, y sí con la animadversión de la oposición. El Rey le responde que eso sería una locura y que se niega a disolver las Cortes). 

    P.-¿Plantea el Rey a Adolfo Suárez la dimisión?
    R.-En realidad le dice que no puede impedir que dimita, pero que disolver las Cámaras supondría un nuevo parón nacional, con la crisis económica que había. «Aquí lo que hace falta es un gobierno fuerte, cohesionado, que cuente con una mayoría estable y que gestione. Por tanto, no voy a firmar el decreto de disolución». La bronca crece y crece cuando el presidente recuerda al Rey que, según la Constitución, la disolución no corresponde al jefe del Estado y que éste no puede negarse a firmarla.
     

    P.-Con la Constitución como arma arrojadiza...
    R.- Y el Rey, entonces, comete una indiscreción al recordar a Suárez que también el artículo 115 advierte que no se podrán «disolver las Cortes si está en trámite una moción de censura». Nadie había hablado de moción de censura. Se le escapó inconscientemente lo que le daba vueltas por la cabeza: una dimisión repentina invalidaría el plan de derrocarle por la vía intachablemente parlamentaria de la moción de censura. Y una disolución dejaría la Operación Armada en papel mojado. Por tanto, el Rey no quería que Suárez dimitiera todavía, ni disolviera las Cortes. Y de manera entre infantil y desesperada le dice a Suárez que no piensa firmar, que se irá de viaje, que se pondrá enfermo... La discusión subía y subía de tono. Llegaron a alzarse la voz con tal rudeza que el perro del Rey, Larky, un pastor alemán, tumbado en la alfombra del despacho real, comenzó a ladrar y, excitado, se arrojó contra Suárez. «Casi me muerde los coj...», me contó Suárez tiempo después. El Rey saltó y sujetó al perro. Más allá de esta anécdota, Suárez le leyó la cartilla al Rey, el hombre que lo había elegido para, juntos, hacer Historia.

    P.-23 de enero. El Rey precipita su regreso a Madrid. Está de cacería, pero cuatro tenientes generales se han presentado en Zarzuela.
    R.-Cuatro y un almirante. Los tenientes generales Elícegui, Merry Gordon, Milans del Bosch y Campano López, de las regiones de Zaragoza, Sevilla, Valencia y Valladolid. Desde Zarzuela avisan al Rey, que tiene que suspender la cacería. Por cierto, los compañeros de montería se indignan con el Rey porque el helicóptero ahuyenta las piezas. Estos generales están pensando un golpe a la turca. Ya habían enviado una carta a Zarzuela, por el conducto reglamentario, como me dijo el general González del Yerro. Al no obtener respuesta, se presentan en Zarzuela. Entra el Rey, jefe y compañero de armas, y cuando comienzan con la retahíla de quejas, les dice: «Un momento, yo soy el Rey. El Rey reina, pero no gobierna. Decídselo al jefe de Gobierno». Llama a Suárez. En un rato está en Zarzuela. «Realmente estos que hay dentro quieren verte a ti». Y don Juan Carlos se ausenta. Nadie se sienta y Suárez advierte a los entorchados que Zarzuela no es el sitio para hablar; que si quieren, él los recibe en Moncloa, que es la sede del presidente de Gobierno.

     
    P.-Y aparece la primera pistola.
    R.-Milans dice a Suárez que por el bien de España debe dimitir ya, cuanto antes. Y es cuando Suárez pide al luego golpista que le dé una razón para ello. En ese momento, Pedro Merry Gordon saca del bolsillo de su guerrera una pistola Star 9mm, se la pone en la palma de la mano izquierda y mostrándola dice al presidente: «¿Le parece bien a usted esta razón? ». El Rey, en la escalera, le advierte: «¿Te das cuenta de hasta dónde me estás haciendo llegar?». Y le reitera que la solución para evitar el golpe militar pasa por un cambio de Gobierno.
     
    P.-Dos últimas fechas para olvidar esta tragedia en las relaciones de los dos parteros de la Transición. 27 de enero, con el golpe en puertas.
    R.-Suárez acude a Zarzuela para comunicar al Rey que tira la toalla, que se va. Antes almuerza con los Reyes. Al acabar, suben los dos al despacho. «¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme?», inquiere el Rey. «Que me voy, señor. Sí, he pensado muy seriamente que debo irme. Irme y, como decía Maura, que gobiernen los que no me dejan gobernar». El Rey escucha en silencio, sin mover un músculo. Con pose de rey, no de amigo. Asiste, impávido, a la explicación de Suárez, que se queja de tener el enemigo dentro. Él ya sabe, como me dijo años después Sabino, que estaba en marcha una moción de censura movida y encabezada por Armada. Gente de su partido, como Herrero de Miñón, participa activamente. Piensa que con su dimisión podrá desactivarla. Pero Armada se veía ya como presidente de un gobierno de concentración, una operación que comenzó a trazarse en Zarzuela en julio de 1980. Ya hablaremos luego de esto...

    P.-¿El Rey no hizo el menor amago pidiéndole que siguiera?
    R.- En absoluto. Descuelga el telefonillo interior y llama a Sabino: «Sabino, sube, sube inmediatamente». Cuando llega, don Juan Carlos le suelta: «Sabino, que éste se va». Ni un abrazo, ni un gesto. Como si se sintiera liberado. «¿Qué hay que hacer ahora? ¿Qué pasos? Es la primera dimisión de un presidente en democracia», pregunta al fiel secretario. Punto y final. Al día siguiente, el 28, Suárez lleva la carta de dimisión a Zarzuela. Su publicación en el BOE se retrasa durante semanas. El acto de Suárez de dimitir por sorpresa tiene enormes consecuencias porque deja a los golpistas, militares y civiles, sin argumentos para la sublevación.
    Última fecha. 24 de febrero de 1981. Horas después de acabar el secuestro de Tejero. Suárez se presenta en Zarzuela.
    Suárez, tras ser liberado, es informado por Francisco Laína de que ha sido Armada quien ha arreglado la liberación de los secuestrados y de que el mismo Armada había estado metido en el golpe hasta las cejas. Ya en Moncloa, se encierra con sus colaboradores directos Arias-Salgado y Meliá, y les pide un informe técnico urgente para revocar su dimisión. La investidura de Calvo-Sotelo, interrumpida por Tejero, se reanudará el día siguiente, 25, a las seis de la tarde. El cese de Suárez aún no se ha publicado en el BOE. «Hay mucho que limpiar, apuntalar, poner coto a los que quieren quitarnos la libertad. Si legalmente puedo, volveré. Eso sí, respaldado por la más Grosse Koalition que pueda constituir», dice a sus íntimos.
     

    P.-Y acto seguido, va a Zarzuela a hablar con el Rey. Por llamarlo cortésmente.
    R.- Es el enfrentamiento más duro, durísimo, que Suárez tiene con el Rey. Se lo contó a muy pocas personas recién ocurrido, y 12 años después lo revivía con las mismas palabras. Leo a partir de la página 701 de mi libro: «Arriba, en la puerta, me espera Sabino. Me da un abrazo. Yo se lo tomo. Al que no se lo puedo tomar es al "Otro". Entro en el despacho del Rey. Está vestido de uniforme. Es mediodía. Tiene allí a su perro Larky, el que me atacó la otra vez. Estamos solos, le tuteo.
    -Nos la has metido doblada.
    -¿De qué me hablas?
    -Hablo de que, alentando a Armada y a tantos otros, jaleándolos, dándoles la razón en sus críticas, diciéndoles lo que querían oír de boca del Rey, tú mismo alimentaste el dichoso malestar militar (...) Sabes cómo entre el Guti (el general Gutiérrez Mellado), Agustín (Rodríguez Sahagún) y yo hicimos trigonometría para desplazar al quinto moño a los generales golpistas, a los que tú a la semana siguiente recibías; y cómo me opuse al traslado de Armada.
    -Pero ¿tú te das cuenta de lo que dices... y a quién se lo dices?
    -Sé demasiado bien a quién se lo digo. Esta situación la has provocado tú.
    -Noooo. Al revés, la has provocado tú y la he evitado yo».


    P.-O sea, que Suárez acusa al Rey de promover el golpe de Armada.
    R.-Para Suárez está clarísimo ya en ese momento que la Operación Armada nace en Zarzuela y que el alma es el Rey: que don Juan Carlos es el muñidor para que Armada sea el presidente de un gobierno de concentración. Incluso que el mismo Rey conocía el Gobierno que el golpista tenía preparado. Un Gobierno en el que, entre otros, Felipe González iba de vicepresidente. En el transcurso de esa conversación con tono elevadísimo, Suárez alaba el comportamiento digno del «pobre Guti, un anciano, cuatro huesos», y critica, en cambio, al «otro», «a gatas debajo del escaño», refiriéndose al presidente a punto de ser investido, Calvo-Sotelo. Pero el clímax de la pelea verbal se alcanza cuando Adolfo advierte al Rey lo siguiente: «Quiero revocar mi dimisión. Traigo un estudio jurídicoconstitucional del proceso...». Y saca el folio del bolsillo y lo despliega ante el Rey. Le anuncia que piensa hacer depuraciones en el Ejército, llegando hasta donde haya que llegar. «Me estás amenazando, so cabrón? ¿Te atreves a hablarme de responsabilidades a mí? ¿Tú... a mí? Mira -le dice el jefe del Estado-, ni tú puedes retirar ya la dimisión ni yo voy a echarme atrás en la propuesta de Leopoldo. ¿Todavía no te has enterado de que ha sido a ti a quien le han dado el golpe? A ti, a tu política, a tu falta de política, a tu pésima gestión. ¿Responsabilidades? ¡Tú eres el auténtico responsable de que hayamos llegado a esto!». El rifirrafe entre los dos continúa y se despeña hasta el punto de que don Juan Carlos le dice: «O te vas tú o me voy yo», no sin recordarle que no podrá formar ningún gobierno de unidad «porque nadie va a querer ir contigo... Políticamente estás muerto. No revoques tu dimisión. No intentes volver. Tienes que saber poner punto y final a tu propia historia». Viéndolo así, en pie, con el uniforme de capitán general y al otro lado de la mesa, Suárez se da cuenta, según él mismo contaba después, de que ese señor imponente que tiene delante es el Rey. «Junto los talones, doy un cabezazo, paso al usted y le presento mis excusas: "Disculpe, Señor, me he excedido"». Larky, el perro, esta vez no atacó al indignado visitante.

    P.-Pilar, esto que usted cuenta, desconcertante por la gravedad de las acusaciones pronunciadas por Suárez, así como por las que el jefe de Estado dirige al presidente dimisionario, lo tendrá muy contrastado...
    R.-No me hubiese atrevido a escribirlo si no hubiera tenido varios testigos y confidentes de Adolfo Suárez.
    (Efectivamente, en el apéndice de notas se citan las fuentes con nombres y apellidos.)

    P.-Perdóneme que le insista más sobre sus fuentes, porque la gravedad de su narración lo exige...
    R.-Como están documentadas en el libro, no tengo ningún problema. He hablado con decenas de personas, y no una, ni dos, ni tres veces. Algunos de los trances sobre los que escribo me los han ratificado Aurelio Delgado Lito, el cuñado de Suárez e íntimo ayudante, y colaboradores inmediatos del presidente como Antonio Navalón, Eduardo Navarro, Jaime Lamo de Espinosa, José Pedro Pérez-Llorca, Rafael Arias-Salgado, Francisco Laína... Lito me recordaba: «Me acuerdo que eran las cinco de la madrugada, y tú seguías hablando con Adolfo en Galicia, en un hotel, pese a que unas horas después él tenía una entrevista política importante». Suárez era noctámbulo y si por la noche pegaba la hebra en confidencias, contaba cosas, sobre todo a los que nos veía interesados en asuntos como el 23-F, sobre el que yo escribí un libro, Con la venia, yo indagué. Adolfo iba dando pistas, claves. Tengo escrito un capítulo sobre el GAL, que no he incluido en el libro... Adolfo era un hombre de Estado, ante la idea de que por él pudiera sobrevenir un golpe, no lo dudó, se fue; y cuando ocurrían cosas turbias en torno al Monarca y alguien quiso aprovecharse o apalancarse en el Rey, Adolfo saltaba.
     


    P.-¿Quién era más hombre de Estado, Suárez o don Juan Carlos?
    R.-Si Adolfo hubiese sobrevivido a todos los golpes morales que le asestaron, podría haber llegado a ser el único candidato a la República capaz de competir con Felipe VI. Aunque su esencia era republicana, hizo una especie de voto de lealtad al Rey desde el republicanismo nato de su padre y de su madre. Creía en el chusquerismo: que desde abajo se puede llegar hasta arriba, si se trabaja; y que un rey tiene que estar sometido a una disciplina constitucional. Déjeme decirle lo siguiente sobre las fuentes de mi libro, con datos que he ido recopilando durante años. Adolfo no ha sido un bocazas ni un voceras, pero en ocasiones se ha desahogado. Sobre todo, no ha querido que la Historia se escribiera mal. Por eso escribió su 'Yo disiento de la sentencia del 23-F'. Él me dijo más de una vez: «No dejes que te equivoquen, Pilar, eso no fue así».